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III. Diagnóstico de la personalidad

Para poder analizar este punto debemos conocer si tras una perturbación sexual se esconde básicamente una alteración de la personalidad. La sexualidad no escapa al ser humano, por lo tanto cuando nos encontramos ante una perturbación sexual, cualquiera sea su nombre, lo primero que tenemos que preguntarnos es qué alteración de la personalidad presenta el individuo a investigar. Es necesario, para hacer comprensible esta postura, enunciar algunos conceptos básicos de cómo llegar a la delimitación de la personalidad.

Comenzaremos con el concepto de individuo. Se entiende por tal todo ejemplar concreto de una especie cualquiera de seres vivos. Esto supone cierto grado de unidad y organización interna.

Así «individium» es unificado en sí mismo, por consiguiente distinto del resto. Es decir, el individuo tiene una individualidad y está organizado de tal forma que tiene un organismo y un psiquismo intrínsecamente unificado, siendo el hombre el que ha alcanzado el más alto grado de perfección.

Todo individuo interacciona en un medio. En este se distingue un ambiente: objetivable físicamente (ej.: el hábitat) y un mundo, psíquicamente subjetivo (ej.: vivencias y experiencias, etc.).

De la interacción hombre-medio surge en el individuo la posibilidad de adquirir el rango de persona, ya que es el único ser vivo que está capacitado para desarrollar dotes de ser racional (es el único que puede pensar que piensa) y autónomo (puede lograr escapar del determinismo biológico y hacer uso libre de lo personal) por lo que podemos decir entonces que personalidad es a persona, lo que individualidad es a individuo en un nivel más jerarquizado.

Se entiende por personalidad: el estilo de vida común a todas las conductas o de un número predominante de ellas que hacen identificable a una persona de otra. Por lo tanto, en una personalidad bien integrada se advierte «un estilo propio», un sello particular que la diferencia de la otra. Se reconoce en la personalidad una parte estática o aptitud, dada por lo biológico del ser y una parte dinámica o actitud dada por lo psicosocial. La personalidad se expresa por conductas ya sean explícitas o implícitas. La personalidad interacciona permanentemente con el medio, en este caso a través de un micromundo: la familia y un macromundo: la sociedad generando un proceso de retroalimentación entre dos polos: la asimilación y la transmisión. La personalidad «asimila» lo exocultural haciéndolo endocultural, es decir, la sociedad que le preexiste le «trasmite» al hombre a través de las generaciones su carga cultural, su mensaje codificado por pautas que éste debe asimilar aprendiéndolas y aprendiéndolas. Por lo tanto, la personalidad se desarrolla históricamente en base a su propia capacidad y la interacción con lo sociocultural. De ello dependerá el grado de adaptación o adecuación a las pautas normativas y el grado de valoración judicativa y ética que la misma asuma. Ahora estamos en condiciones de comprender los conceptos de adaptación e inadaptación que describimos anteriormente, ya que los mismos se dan como consecuencia de la mayor o menor interacción entre la personalidad del ser humano y el medio sociocultural donde se mueve, independientemente del juicio de valores crítico de la personalidad que se investiga o las pautas normativas de la sociedad en cuestión.

Artículo escrito por

Doctor en medicina, psiquiatra, sexólogo clínico, especialista en medicina legal y docente.