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VIII. La peritación sexológica

Se debe recordar que cada perito (sexólogo y psiquiatra) por formación sobre todo psiquiátrica se halla frecuentemente inmerso (por lo menos en la inmensa mayoría de los casos) en una corriente doctrinaria psicopatológica dada, que tiene una metodología de acción particular que surge dispar cuando no opuesta, a otra corriente del pensamiento, creando serios inconvenientes para la obtención de un código científico común en la explicación del acontecer del hombre con dificultades sexuales en el caso a peritar.

Surgen así los distintos modelos de la investigación, desde los organicistas que ponen énfasis en lo genético, lo neurofisiológico, lo bioquímico, etc., del tradicional criterio médico-biologista; pasando por las corrientes psicológicas-dinámicas, que buscan motivos psicopatológicos en determinadas situaciones históricas, conscientes e inconscientes, las fenomenológicas que intentan explicar y comprender el vivenciar del hombre en su esencia y existencia, otras como las conductistas que hacen hincapié en el aprendizaje de las conductas, hasta aquellas que se afirman en la importancia de lo sociocultural, lo comunicacional, etc., como son las corrientes de tinte sociogenéticas, con todas las variantes que las mismas presentan.

En medio de toda esta problemática psicosexológica, el perito no debe olvidar que es un asesor de la justicia y por lo tanto el juez requiere objetividad, demostración y fundamentación de lo que se expone parcialmente. Por tal razón consideramos de capital importancia el diagnóstico clínico del actor (el ¿qué? del caso) que no puede traer mayores controversias ideológicas, si el perito es idóneo en el tema, luego se puede especular con el ¿por qué?, se llega a la conclusión (cada escuela y de acuerdo a su doctrina dará su explicación).

Por todas estas razones pensamos que en una pericia sexológica se deben reconocer al estudiar el caso tres factores:

a) La configuración sindromática

Conjunto de signos y síntomas semiológicos que, dispuestos en una ordenación determinada permiten reconocer y diagnosticar una situación o patología dada (patogenia).

b) La estructura de las manifestaciones

Cada persona investigada manifiesta su problemática de una manera individual (estilo particular) lo que configura un patrón de conducta personal (patoplastia).

c) El modelo a utilizar

Cada perito de acuerdo a la formación doctrinaria psicopatológica que sustente tendrá un criterio particular para evaluar el caso a resolver, por lo tanto, caso-actor-perito forman un trípode de límites no siempre precisos en el campo de la psicopatología sexológica.

Por tal razón, proponemos a los fines sexológico-forense el siguiente esquema operativo que responde a estos interrogantes:

  1. ¿Qué?: tipo de perturbación sexual presenta el actor o el sujeto a examinar (recordar clasificación de las perturbaciones sexuales).
  2. ¿Dónde?: en una determinada personalidad (diagnóstico semiológico clínico de la personalidad y la curva de autoevaluación sexológica como examen complementario).
  3. ¿Cómo?: evolucionará, qué pronóstico y eventual tratamiento o rehabilitación tendrá el actor de acuerdo a la alteración detectada.
  4. ¿Por qué?: se tratará de explicar su etiopatogenia de acuerdo a las diferentes teorías psicopatológicas que el examinador sustente.

Se puede contar así con los elementos idóneos que permitan realizar en cada caso clínico-sexológico-forense un buen diagnóstico de personalidad y lograr a través de un método claramente objetivo deducir el grado de mayor o menor genuinidad o sintomaticidad de la perturbación sexual en cuestión.

Artículo escrito por

Doctor en medicina, psiquiatra, sexólogo clínico, especialista en medicina legal y docente.