El fetichismo: reflexiones sexológicas, psicopatológicas y médico legales

I. INTRODUCCION

El problema del fetichismo como manifestación sexual, su análisis psicopatológico y sus eventuales implicancias médico legales, es un tema poco transitado tanto por la Medicina como por el Derecho. Hemos abordado la cuestión en una Mesa Redonda en el Congreso de la AAP 2008, razón por la cual intentaremos aquí, reflexionar y sintetizar sobre ello según nuestra experiencia al respecto.

El fetichismo es la devoción hacia los objetos materiales, a los que se ha denominado fetiches (amuletos)

El primer significado del término “fetiche” fue el de ser un objeto que poseía poderes sobrenaturales y al que los hombres veneraban.

El fetichismo etimológicamente surge del latín: facticius, «artificial», y portugués: feitiço, «magia o hechizo», «manía»; así como del francés: fétiche).

El término “fetiche sexual” fue acuñado por el psicólogo y pedagogo francés Alfred Binet (1857-1911)

El fetichismo en el sentido sexológico es una parafilia que consiste en la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de un talismán u objeto fetiche, sustancia o parte del cuerpo humano en particular. También se lo llama idolismo (de ídolo o amuleto).

Por lo tanto, el fetiche es algo que “se necesita” para alcanzar el goce sexual y nos habla de la vinculación erótica de un individuo con un objeto inanimado o un objeto de uso de una persona: bombachas, medias, ligas, pieles, los pies, mechones de cabello, zapatos, etc.

El fetichismo sexual se considera una práctica inofensiva salvo en el caso de que provoque malestar clínicamente significativo o problemas a la persona que lo padece, o a terceros, pudiendo en este caso llegar a considerarse un trastorno patológico propiamente dicho.

Algo de fetichistas tenemos todos cuando nos gustan las mujeres rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o las morochas bajitas con aire de femme fatale; o las mujeres que usan botas de cuero o zapatos con taco aguja, o con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas características les atribuimos la posibilidad del placer.

Esto tiene que ver con una cultura predominantemente machista que parcializa el cuerpo femenino, confundiendo la parte con el todo (pars pro toto): si tiene mejores nalgas será más ardiente, si posee senos prominentes nos deparará seguro, mayor felicidad en el lecho, etc.

Casi todos los individuos tienen algún que otro fetiche por ej.: los ojos, los pelos, la figura, hecho que tan sólo acompaña o aumenta las formas convencionales del erotismo. Lo mismo puede decirse del fetichismo de expresiones feas o del fetichismo del espejo, de determinado perfume, etc.

Del mismo modo, ejercen una influencia parecida sobre determinadas personas ciertos defectos corporales, los tullidos, las razas extrañas, los seres subordinados, etc.

Pero este parcialismo se generaliza en una relación con el todo de la persona a diferencia del fetichismo que queda en la parte excluyendo el todo. No es lo mismo excitarse con una trenza que con una mujer que lleva trenzas.

El fetichista en un sentido estricto, necesita exclusivamente de una determinada condición u objeto para gozar del sexo, a veces acompañado por una mujer y otras a solas con prácticas masturbatorias.

Como vemos el fetichista suele buscar un objeto de la mujer o varón deseados (ropa, mechón de cabellos, una joya, una pantufla) y por ese excluyente intermedio halla un placer solitario. Otras busca una pareja con una característica determinada para satisfacerse, por ejemplo que sea excesivamente gorda o con rasgos masculinos (o femeninos, según la preferencia sexual), incluso con defectos físicos, o la hace vestir con determinadas prendas. De no ser así no logra satisfacerse ni llegar al orgasmo, y esto es lo que le da la característica esencial al fetichismo: la necesidad imprescindible de ese rasgo u objeto, llevado al punto de una obsesión, para la meta sexual.

Hay que distinguir este hecho de la simple preferencia por un juguete sexual o por encontrarse en una situación determinada. Si el objeto preferido falla se puede continuar la relación sexual. En el caso del fetichismo, si el fetiche falta la excitación sexual no se produce lo que produce frustración en el sujeto afectado.

Artículo escrito por

Doctor en medicina, psiquiatra, sexólogo clínico, especialista en medicina legal y docente.

Los comentarios están bloqueados, pero se permiten trackbacks y pingbacks.