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VI. PSICOPATOLOGIA

Las teorías patogénicas más modernas acerca del fetichismo sexual lo relacionan con el modelo del comportamiento humano y la idea de “condicionamiento ” o aprendizaje. Así, alguna experiencia en la infancia podría causar la asociación entre el placer sexual y determinado objeto, relación que se mantendría en la edad adulta.

Dentro de los distintos fetichismos podrían establecerse diferentes niveles, desde la simple atracción sexual hacia ciertas partes del cuerpo o tipos de objeto, hasta la necesidad absoluta del fetiche para poder alcanzar el orgasmo, como luego analizaremos.

Para poder explicar la psicopatología del fetichismo debemos recordar que forma parte de los comportamientos parafílicos.

De manera tal que haremos primero una breve mención a las explicaciones que vierten algunas escuelas sobre las parafilias en general y luego analizaremos los aportes psicopatológicos al fetichismo en particular.

La parafilia es en general es un síntoma psicopatológico que tardó mucho mas tiempo en investigarse que a otras alteraciones psíquicas.

John Willian Money escribió en 1989 el libro “Mapas del amor vandalizado” (Vandalized lovemaps). Escrito en colaboración con Margared Lamacz proponen el camino que debe tomar la mente del individuo para llegar al placer erótico sexual y a la satisfacción. El “lovemap” se troquela en la mente de manera similar al lenguaje común, a través de los estímulos sensoriales. Internaliza al amante individualmente idealizado, así como lo hace un sujeto en las relaciones románticas, eróticas y sexualizadas. Al principio sólo existe en la imaginación, posteriormente puede ser expresado con un compañero. Lo esperado es que el “lovemap” se diferencie hacia la heterosexualidad no complicada, pero cuando es “vandalizado” por los adultos (se altera en más o en menos el normal desarrollo psicosexual infantil) el resultado es la parafilia.

El catedrático asturiano Francisco Alonso Fernández (1924) señala que las parafilias por antonomasia son un fenómeno psicopático. Aunque con características diferenciales de las psicopatías comunes, pues no siempre están ausentes los sentimientos amorosos ni siempre presente la destructividad.

El psicoanalista francés Guy Rosolato expresa que el parafílico esta dominado por su hedonismo, por lo tanto el principio de placer marca el fracaso del principio de la realidad y desde una posición en que la ilusión narcisista impera en su vida sexual, el parafílico crea, una legalidad particular, que relacione deseo, placer y ley de un modo tal que el placer es signo de que la ley es su deseo.

De manera tal que las parafilias representan comportamientos impulsivos (actuaciones) que implican conflictos con el medio, pero a diferencia de las psicopatías en general sus actuaciones ostentan una fachada que encubre el propósito cruel presentan las otras psicopatías.

El psicoanalista estadounidense Donald Meltzer (1922-2004) dijo que la actuación perversa (parafílica) consiste en alterar lo “bueno” para convertirlo en “malo”, aunque conservando la apariencia de bueno.

El ya mencionado Benjamins Karpman ha afirmado que existirían las neurosis parafílicas, a las que el vienés Otto Fenichel (1897-1946) denominó neurosis impulsivas, que provienen de las mismas fuentes que las neurosis ordinarias, pero formando un grupo propio, preciso y diferenciado; que a partir de ese desarrollo común, se produce una diferenciación como consecuencia de un hecho: el neurótico enfrentado con un problema sexual y emocional, reprime la tendencia sexual prohibida y la exterioriza mediante trastornos psicosomáticos o de otra conducta socialmente inocua; en cambio, el parafílico no puede reprimirla e incurre en una conducta simbólica poco disimulada. Las neurosis son más plásticas y móviles y las parafilias impresionan por su rigidez e inmutabilidad.

El discípulo de Freud Hans Sachs en 1923 afirmaba que la diferencia entre perversión y neurosis radica en que el síntoma neurótico es egodistónico (extraño al individuo), mientras el síntoma perverso es sintónico con el Yo, y se acompaña de una descarga de placer en forma de orgasmo genital. Sin la descarga genital la egosintonía se observa también de los actos psicopáticos, psicóticos, los adictos a las drogas y los caracterópatas. Las actividades parafílicas se cumplen con la finalidad explícita de alcanzar el goce sexual, y para eso apuntan desde cualquier aspecto. En el instante del acto, el parafílico está de acuerdo con su impulso.

Para zanjar el problema si las parafilias son neurosis o psicopatías, nosotros pensamos que son perturbaciones sexuales (desviaciones sexuales) que deben estudiarse en cada caso en particular haciendo un correcto diagnóstico del perfil de personalidad del sujeto en cuestión.

El fetichismo, comparte los conceptos de la psicopatología de las parafilias en general, no obstante ello, se han descripto características particulares que sucintamente describiremos. Así por ej:

A) El psicoanálisis fue la escuela que estudió más profundamente la psicopatología de las perversiones según su lenguaje.

Sigmund Freud (1856-1939) presentaba la sexualidad infantil como caracterizada por una gran cantidad de pulsiones parciales, como ver, oler, mostrar, golpear, morder, etcétera, surgidas de diversas zonas erógenas como la boca, el ano, la piel y en general los genitales. Por un largo proceso, las pulsiones parciales se subordinan a la primacía genital. Pero si el mismo fracasa, las pulsiones parciales compiten con el impulso genital y ocupan su lugar.

En las perversiones, la pulsión parcial dominante se exterioriza libremente. En cambio, en las neurosis queda reprimida y aparece el síntoma. De aquí deriva el conocido aforismo freudiano de que “la neurosis es el negativo de la perversión”.

Sobre la base de la teoría de la libido formulada por S Freud y el judío alemán Karl Abraham (1877-1925), las perversiones se explican como procesos de fijación y regresión a los niveles pregenitales del desarrollo (oral y anal).

El psicoanálisis dice que se elige cierto objeto y no otro, según la impresión sexual de la primera infancia de cada individuo, como un volver a las primeras experiencias. El objeto sería así un recuerdo encubridor que nos oculta el verdadero deseo.

S. Freud expresa que el fetichismo es una sustitución inapropiada del objeto sexual donde la meta convencional está reemplazada por algo que guarda relación con ella. El sustituto es, en general, una parte del cuerpo habitualmente poco apropiada a un fin sexual (los cabellos, el pie) o un objeto que mantiene una relación demostrable con la persona, preferiblemente con la sexualidad de ésta (prenda de vestir). Sigue diciendo, que en el fetiche el hombre primitivo ve encarnado a su dios.

De manera tal que, el psicoanálisis nos refiere una cierta simbología sexual, que se podrá o no compartir. Hace intervenir la angustia de castración del varón, temática bastante compleja dentro del psicoanálisis, pero que resumiéndola de una manera simple nos dice que, el objeto elegido como fetiche, es un sustituto del pene (falo) de la madre en el que el niño ha creído y no quiere renunciar puesto que si la mujer, su madre, está castrada, su propia posesión del pene corre peligro. De esta forma, recuperando una y otra vez el fetiche, niega su ansiedad de castración. Para decirlo con mayor claridad todavía: el fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la madre), en cuya existencia el niño pequeño creyó otrora y al cual no quiere renunciar.

Según el psicoanálisis, probablemente ningún ser humano del sexo masculino pueda eludir el terrorífico impacto de la amenaza de castración al contemplar los genitales femeninos. Pero no atinamos a explicar por qué, algunos se tornan homosexuales a consecuencia de dicha impresión, mientras que otros la rechazan, creando un fetiche, y la inmensa mayoría lo superan. Por lo tanto, debemos darnos por satisfechos si logramos explicar qué ha sucedido, dejando por ahora a un lado la tarea de explicar por qué, algo no ha sucedido. Por otra parte, para muchos sexólogos las teorías freudianas sobre la castración no tienen sustento y las descartan.

Lo que se tiene claro es que cuando el fetichismo se acompaña con gran carga de angustia, depresión y culpa creemos que es momento que el sujeto debe recurrir a un sexólogo o a un psicoterapeuta.

En suma, el psicoanálisis señala el origen de las parafilias en una experiencia traumática única o repetida por fijación en el Complejo de Edipo y sirven para negar la posibilidad de la castración.

B. La teoría de la conducta considera al fetichismo como el producto de un aprendizaje incorrecto, a través del mecanismo del “modelado” o “imprinting” de los etólogos, por experiencias sexuales del período de diferenciación sexual y de la pubertad.

El recordado John Money señaló en la Universidad de Pensylvania la hipótesis del “aprendizaje por oposición” para los parafílicos (fetichistas), en que de la aversión inicial a los actos parafílicos, se pasa progresivamente a una metamorfosis y se tornan adictos a esas prácticas. Y es probable que la liberación de opiáceos fisiológicos en el encéfalo, como las endorfinas, sea responsable de este cambio.

Desde el punto de vista de la adquisición de las respuestas eróticas placenteras se debe tener en cuenta la importancia de la predisposición de la personalidad como factor genético más las experiencias ambientales que da el aprendizaje.

Existiría por lo tanto, una condición predisposicional en cada uno de nosotros, de acuerdo al potencial de personalidad como una especie de “tabla de arcilla” lisa y moldeable sobre la cual se marcarían “huellas” indelebles que serían las experiencias eróticas vividas por ensayo, azar o circunstancias deseadas o no y que condicionarían de allí en adelante como una relación “llave-cerradura” cada vez que se asocian ambas situaciones (circunstancia-predisposición al placer erótico) detonando la conducta sexual adecuada o inadecuada. Si bien las nuevas experiencias hacen nuevas marcas nunca las nuevas superan en eficiencia erótica a las primeras marcadas, que siguen respondiendo con la misma idoneidad placentera a pesar del tiempo que pueda transcurrir.

El fetichismo seguiría este patrón general. Las imágenes, fantasías, o comportamientos desviados son producto de experiencias vividas sobre la base de una personalidad predisponente que provocaron en su momento un placer sexual que condicionó la reiteración de experiencias fijando un patrón de conducta erótico.

3. Desde una perspectiva sistémica, la parafilia (fetichismo) cuando es egodistónica es una construcción particular centrada en las conductas sexuales, cerrada a la comunicación con el mundo externo

Por último pensamos que, sobre la base del desarrollo de la personalidad, las perturbaciones sexuales sobre todo las genuinas tienen que ver con la precocidad de aparición de la conducta sexual anómala y si es psicopática su característica tiene mucha posibilidad de expresar una estructura sexopática.

En síntesis: creemos que el fetichismo como una parafilia, surge cuando un sujeto experimenta para llegar al orgasmo una actividad objetal erótica distinta al coito. Tal conducta sexual la ha desarrollado desde muy joven, (varón lo mas frecuente, o mujer, lo excepcional) tal vez, cuando ha comenzado a descubrir la sexualidad.

Las circunstancias en las que este descubrimiento se desarrolle le lleva al sujeto a relacionar el placer sexual con ciertos objetos o características de la fisionomía humana. Es decir, que aprender a alcanzar el clímax orgásmico en unas determinadas condiciones puede convertir a éstas en factores imprescindibles para seguir sintiendo placer físico en posteriores encuentros.

Recordemos entonces que los fetiches sexuales pueden ser:

  • Objetos: botas, prendas de látex, pañales, pelucas, piercings, guantes, complementos con pinchos, esposas de policía, medias de nylon, ropa interior usada, delantales, etc.
  • Relativos al cuerpo humano: los pies, la cabeza calva, los senos femeninos muy grandes o muy pequeños, el vello corporal tanto que haya exceso como que no exista ni rastro, un tipo determinado de ojos, etc.

Como corolario psicopatológico creemos en términos generales, que el fetichismo es, al igual de todas las demás parafilias, una forma de expresión de algún sentimiento de inferioridad que intenta encontrar su compensación en un sentido equivocado, pero al que le impulsan sus experiencias personales y su «entrenamiento» pasados. Por lo tanto, busca siempre en la sobrevaloración de un objeto o de una parte determinada del cuerpo que desempeña un papel de poca importancia en la vida sexual convencional. Vemos que la pareja sexual sufre una degradación mediante la dislocación del acento sexual sobre un objeto, y que queda por consiguiente desvalorizada. Ya no es la persona, sino un detalle completamente insignificante de ella el que adquiere rango y dignidad sexuales. La persona fetichista al depender más de lo accidental que de su pareja, acaba, por fin, con una disminución de su miedo y de su sentimiento de la propia debilidad frente al sexo opuesto.

Tampoco nos podría causar asombro el hecho de que el fetichismo se encuentre ante todo entre los que psicológicamente acusen un marcado erotismo de tipo visual. Las mismas observaciones podemos hacer también en el exhibicionismo.

No obstante, también el fetichismo puede consistir en una parafilia con la erotización de objetos que aparentemente no tienen nada que ver ni con el cuerpo de la mujer ni con el sexo, pero que han sido asociados a éstos por la personal simbología del sujeto en cuestión.

Desde este punto de vista, ya, no será difícil comprender el hecho de que el fetichismo aparezca muy a menudo enlazado con otras parafilias, con neurosis o con tendencias a la criminalidad.

Naturalmente debemos recordar que cuando se habla de fetichismo como una parafilia o desviación sexual cuando constituye la única forma de satisfacción sexual posible para quien lo padece, mientras que existen formas de fetichismo no exclusivo universalmente conocida.

Por lo tanto, una vez mas, debemos distinguir los parcialismos del fetichismo propiamente dicho.

En el caso de los parcialismos no nos hallamos en absoluto en presencia de actitudes sexuales desviadas y mucho menos pervertidas.
Nos encontramos, por el contrario, frente a unas relaciones comunes donde las partes anatómicas de la pareja sexual y los objetos que han sido rodeados por una mayor cantidad de libido y de amor son justamente valorados, pero que en el fondo no le impiden al individuo generalizar el erotismo y hasta tener actividad coital convencional.

En el fetichista, sin embargo, no sucede esto. El fetichista parece incapaz de soportar el conjunto de una persona, razón por la cual la desmenuza, la escinde, la deshumaniza, toma una parte de ella y la convierte en objeto de una especie de culto ideal erótico, hasta tal punto que esa parte se convierte para el en el único instrumento capaz de llevarle al orgasmo. De esta forma el fetichista adquiere una especie de control omnipotente sobre el fetiche (y en consecuencia sobre su placer sexual), no depende de nadie, no se ve obligado a enfrentarse a una persona de verdad, no sufre frustraciones.

Se trata de un tipo de relación sin duda muy poco satisfactoria, aunque no opine lo mismo el fetichista, para quien el control del objeto amado e idealizado acaba por adquirir una importancia mucho mayor que el intercambio erótico con una persona.

Por ultimo debemos hacer mención de ciertas conductas sexuales que tomado vigencia últimamente, que pueden emparentarse con el fetichismo.

Se trata de la practica llamada “crossdressing” consiste en hombres (crossdresser) que tienen fantasías con vestirse de mujer y pueden concretarlas.

Existe gente de cualquier nivel o cultura que dejando de lado los prejuicios y la culpa se animan a sacar su costado femenino y vestirse de mujer por un rato.

En la Argentina hay lugares que brindan a los crossdresser un espacio para “montarse” (trasvestirse y maquillarse de mujer).

Esta actividad nada tiene que ver con la orientación sexual, hay heterosexuales, gay, bisexuales que les gusta trasvestirse y sentirse bien con eso.

Por lo tanto, se debe diferenciar estas manifestaciones sexuales del travestismo y el fetichismo.

Artículo escrito por

Doctor en medicina, psiquiatra, sexólogo clínico, especialista en medicina legal y docente.

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