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VII. REFLEXIONES MEDICO LEGALES

El fetichismo fue un tema poco abordado en la enseñanza de la Medicina y el Derecho. No obstante ello, el fetichismo participa del proceso de personalización al mismo nivel que lo psicótico, lo neurótico y lo psicopático.

De allí que, los así llamados psicópatas sexuales, que no mantienen en la intimidad sus preferencias y las viven con características antisociales y criminales, tienen con las parafilias, en este caso el fetichismo, sólo diferencias de grado, no de naturaleza.

Si bien no todas las parafilias son ilegales. El delito sexual es un concepto jurídico, en tanto el fetichismo como una parafilia es el nombre de un trastorno psiquiátrico sexológico.

Para poder entender la relación entre parafilia y criminalidad creemos que debemos recordar una vez más algunos conceptos ya vertidos en otras publicaciones.

En otras oportunidades afirmamos que las parafilias son perturbaciones sexuales cualitativas que se configuran cuando se necesita sustituir la actividad sexual convencional, en circunstancias en que esta es posible, por una expresión sexual que surge como modo prevalente de excitación erótica en forma sistemática y preferencial.

Por lo tanto, lo que configura la parafilia no es el “que” de la expresión sexual, sino el “como” se instrumenta, es decir, que los medios se convierten en fines.

Otro concepto sexológico de importancia para comprender el perfil de personalidad de los parafílicos, consiste en hacer una analogía con las manifestaciones conductuales que presenta un consumidor de drogas.

Así en toxicología se habla de uso, abuso y dependencia de sustancias toxicas, en las parafilias hablamos de formas de expresión “mínimas”, “acentuadas” y ”predilectas” haciendo un correlato con ellas.

Pueden expresarse con distinta intensidad y con diferente modalidad. Así se observan formas:

  • Mínima: le surgen al individuo en forma espontanea y o sorpresiva (no buscada) imágenes, pensamientos, fantasías pretéritas o recuerdos reconocidos como placenteros y que aparecen sin perturbar las actividades sexuales convencionales, es mas pueden enriquecer la situación erótica que se esté viviendo.
  • Acentuada: se diferencia de la modalidad anterior en que, con la experiencia vivida, la expresión erótica fantaseada o actuada reconocida como placentera por el individuo, ya no surge espontáneamente, sino que el individuo la busca y la recrea en forma insistente, para lograr satisfacer las actividades sexuales convencionales.
  • Predilecta o dependiente: aquí la expresión erótica vivenciada ya interfiere manifiestamente la actividad sexual convencional, reemplazándola en forma electiva (selectiva) preferencial (prevalente) o única (exclusiva). El individuo ya se encuentra tiranizado por la parafilia (ha perdido la libertad de elección).

Otro concepto importante a tener en cuenta desde el punto de vista médico legal es que, el parafílico (por lo general no dependiente) puede “disociar” su conducta sexual parafílica de la conducta convencional, por lo tanto comportarse en general (para la observación pública) de acuerdo a los cánones esperados por la sociedad y en privado, expresar en forma oculta sus manifestaciones parafílicas.

A esta observación, hemos dado en llamar “parafrenia sexual”, haciendo una analogía con la observación psiquiátrica clínica de ciertos delirios crónicos en que solo se manifiestan cuando se le toca al enfermo sus núcleos psicóticos encapsulados, clásica situación de bipolaridad (parafrenia) entre el comportamiento psicótico y la realidad.

Pues bien, cuando se nos encomienda realizar pericias sexológicas de presuntos ofensores sexuales, debemos tener en cuenta este concepto, ya como delitos de raigambre sexual son de difícil probanza, ya que se realizan en la intimidad y fuera de la vista de testigos, debemos tener en cuenta que muchos delincuentes sexuales de excelente reputación social pueden estar haciendo uso de una conducta sexual “parafrénica”.

Dijimos que, cuando el fetichismo como parafilia adquiere características delictivas, su estado consiste en la necesidad impulsiva de un estímulo fuera de lo común, necesario para iniciar o mantener óptima la excitación erotosexual y para alcanzar el orgasmo y, que surge en lo personal y o social como inaceptable, ya sea real o imaginario. Es decir, que trasgrede el plano de la intimidad para afectar lo social en el marco de alguna conducta tipificada por el Código Penal como delito.

Los modelos que pretenden explicar los orígenes, desarrollo y mantenimiento del comportamiento antisocial como la violencia, en particular la sexual, asumen como hipótesis central que tales formas de comportamiento se originan en el aprendizaje del medio social básico, de acuerdo a la interacción que el niño mantiene con su medio; este comportamiento llega a ser precursor de importantes conductas delictivas.

Los delitos sexuales pueden ser consecuencia de diversos factores. Cierto porcentaje de agresores sexuales padecen un trastorno psicosexual, es decir, alguna forma de perturbación sexual. De manera tal que las perturbaciones sexuales cualitativas bajo la forma de parafilias o desviaciones sexuales suelen ser factores de riesgo para la comisión de delitos sexuales.

Como ya se ha dicho, John Money ha expuesto el concepto “mapa del amor” como una especie de inscripción o plantilla grabadas en el cerebro en la que se esboza las actividades sexuales que preferimos. Tal acontecimiento se desarrolla en la infancia a través de las experiencias vividas en función del placer –displacer. Se cree que la época más vulnerable gira alrededor de los 5 a 8 años, luego las posibilidades de modificación se hacen difíciles o refractarias.

El fetichismo como parafilia se desarrolla como reacción estratégica al abandono, la supresión o la traumatización del desarrollo sexual esperado como habitual. El fetichista intenta sobreponerse a la tragedia del psicotrauma.

Ya expresamos que Money ha advertido que la supresión de los juegos sexuales preparatorios de la infancia podría impedir un desarrollo sexual sano. Algunas culturas temen que los niños sean expuestos tempranamente a la actividad sexual. El hecho de castigar estas conductas puede obstaculizar el desarrollo de un mapa de amor normofílico. Por consiguiente el individuo adquiere un mapa del amor o plantilla mental erotosexual a través de las experiencias e imágenes mentales vividas donde las actividades gratificantes que provocan excitación y orgasmo de características parafílicas reemplazan a las normofílicas.

El Dr. Neil Malamuth, profesor de psicología de la UCLA en USA considera que la agresión sexual se produce cuando, además de existir ciertas motivaciones, las circunstancias inhiben los controles que evitarían el ataque y además cuando se presenta una ocasión propicia. En algunos casos se llega a configurar una conducta sexual compulsiva como forma de reducir la ansiedad y la angustia. La actividad sexual brinda un alivio temporal, pero éste va seguido de más angustia. Muchos infractores sexuales han sido a su vez víctimas de abuso sexual en la infancia.

El sexólogo Eli Coleman, director del Programa de Sexualidad Humana de la Universidad de Minnesota conjetura que las experiencias traumáticas infantiles intensifican la ansiedad primaria con una distimia secundaria. Se ha establecido una correlación entre violencia sexual y aquellas sociedades que podrían definirse como sociedades represivas.

El sociólogo estadounidense Ira Reiss ha señalado que una sociedad sexualmente sana sería aquella que adoptara tres principios básicos de salud mental: honestidad, igualdad y respeto. Los estudios señalan que los infractores sexuales adolescentes son especialmente desconocedores de la sexualidad. Los programas de prevención de la violencia sexual deben favorecer la independencia temprana del niño y promover la sexualidad como un aspecto saludable y deseable de la vida diaria.

R Knight y R Prentky (1990) clasifican a los agresores siguiendo su nivel económico y su motivación delincuencial en: a) oportunistas del alto y bajo nivel económico, b) invadido de ira y resentimiento, c) sádicos con alto y bajo nivel económico, d) por deseo de venganza de alto y bajo nivel económico.

Además se evalúa: personalidad psicopática, mal manejo de los impulsos, y los transgresores que muestran suficiente autocontrol.

Si bien las personas con conductas parafílicas exclusivas, son un porcentaje exiguo de la población, sin embargo, la naturaleza repetitiva e insistente del trastorno hace que la comisión de actos parafílicos sea de alta frecuencia.

Así los fetichistas usualmente no son perseguidos. En el fetichismo el foco sexual se encuentra en objetos (zapatos, guantes, cabellos, ropa interior, etc) que son relacionados íntimamente con el cuerpo humano. El fetiche en particular se encuentra asociado a alguien involucrado muy cerca con el paciente durante la infancia de éste y posee una cualidad que lo relaciona con esa persona.

El fetichista que roba el objeto fetiche puede ser causa de examen pericial (diferenciar de la cleptomanía o robo compulsivo). Este es un robo de clara base sexual para obtener el objeto deseado y gozar con su colección u obtener placer orgásmico solitario con su presencia.

Lo que pierde a los fetichistas suele ser que los objetos de sus parejas habituales no los excitan. En cambio, si son robados, sí. Y cuando empiezan a desaparecer ropas de los tendederos del vecindario, es que algún fetichista anda cerca. Cuando es descubierto, suelen encontrarse colecciones enteras de ropa en sus domicilios. El delito tipificable es el de hurto, pero no se trata de un delito sexual.

No obstante ello, hay descriptos en la bibliografía homicidios seriales de fetichistas que matan para quitarles a sus victimas algún órgano vital que pasan a formar parte de la colección de objetos de su excitación sexual.

La cleptomanía (robo compulsivo) puede producir excitación sexual. El acto cleptomaníaco de robar simboliza placeres sexuales prohibidos.

El fetichismo trasvestista consiste en el fantasear o en vestir realmente ropas de género opuesto, con objeto de experimentar excitación y como ayuda para lograr el orgasmo en la masturbación o en el coito.

El 50 al 75% de los trasvestistas declara que su conducta comenzó alrededor de los 10 años. Desde el punto de vista dinámico, este comportamiento cumple con el objetivo de expresar el forzamiento hacia la identificación femenina (a través de imágenes o fantasías de las prendas de mujeres que lo sometieron, sojuzgaron, castigaron, abandonaron o sedujeron) y triunfar sobre ella, es decir, marcan la lucha contra la identificación femenina y el orgasmo aporta una victoria transitoria. Con el tiempo, la motivación predominante de las conductas trasvestistas que era aliviar la ansiedad de separación, se reemplaza por la estimulación sexual de las prendas femeninas para obtener el orgasmo, por eso luego estos parafílicos desean vivir y vestir como personas del otro sexo.

Las mujeres trasvestistas son menos frecuentes, son personas con fuerte masculinidad (más que deseo erótico) aunque sin estar relacionadas necesariamente con una orientación homosexual. El trasvestista suele ser desde un solitario, deprimido y culpable hasta un egosintónico y sociable miembro de una subcultura.

Como dijimos, algunos fetichistas cometen delitos de robo serial, al apropiarse indebidamente de prendas que actuarían como fetiches para coleccionarlas o usarlas para su actividad sexual parafílica. En raros caso pueden llegar al crimen. Los fetichistas trasvestistas suelen son detenidos en casos de delitos contravencionales.

Artículo escrito por

Doctor en medicina, psiquiatra, sexólogo clínico, especialista en medicina legal y docente.

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